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Como germinar semillas de marihuana.

Publicado el 31 de Julio del 2018

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Germinar semillas de marihuana. Aquí aclaramos diferentes métodos.

Son muchos los que se preguntan cual es la mejor técnica para germinar sin tener problemas o bajas en nuestras semillas que vamos a plantar, la verdad es que hay varios métodos para hacerlo, todos con la misma base, controlar una serie de parámetros que garantice el éxito, básicamente la temperatura y la humedad.

Vamos a hacer un repaso de como germinar semillas de marihuana, y cuales son estas técnicas de germinación, pero independientemente de la técnica o método que escojamos tememos que tener claro que el truco es el equilibrio en los parámetros, ni muy frío ni muy cálido, ni muy mojado ni muy seco.

La temperatura ideal para el correcto germinado estará en los 20º como mínimo y no debe superar los 30º siendo lo ideal los 23º- 25º, con una humedad en el ambiente de entre el 70% o 90%.

  Germinación de semillas de marihuana directamente en la tierra.

Es lo más parecido a la que se da en la naturaleza, es la que nosotros recomendamos, que consiste en poner las semillas directamente en la tierra, hay que decir que independientemente de si el cultivo es en exterior o interior es recomendable hacerlo dentro de casa o en un lugar donde tengamos más control sobre todo el proceso y así poder evitar cualquier problema o contratiempo, protegiéndolas de cambios bruscos de temperatura o de posibles ataques de animales a los que les gustaría alimentarse de los brotes de nuestras semillas, porque son muy golosas para muchos animales, como pájaros, caracoles o pequeños roedores, si vamos a cultivar en exterior y las plantamos directamente en el suelo o en el contenedor final muy probablemente sirvan de alimento para varios miembros de la fauna local.

Para este paso inicial funcionan muy bien tiestos pequeños, de entre 0.25L a 1L de capacidad serán suficientes (pero se pueden utilizar más grandes si se desea) pues son más manejables y nos permite tener la plántula hasta un tamaño en el que podamos trasplantar a su destino final con total seguridad y sin riesgos de ser devoradas.

El sustrato debe ser suelto y aireado para que las raíces no tengan problemas en desarrollarse.

Se rellenan los contenedores elegidos con sustrato, se humedecen con agua mojando bien todo el sustrato sin encharcarlo, demasiada agua puede ralentizar el proceso y se puede correr el riesgo de que se pudra el germen de nuestra semilla y poca agua la secaría, si el agua utilizada es de manantial perfecto, si es del grifo es recomendable, aunque no imprescindible, dejarla reposar una noche para que evapore el cloro.

Es recomendable controlar el PH, entre 6 y 7 está bien, y si se controla también la EC o electroconductividad del agua (la forma de medir la cantidad de sales que contiene el agua) no debe superar los 0.4 ms.

Hacemos un pequeño agujero en el sustrato, ayudándonos del dedo o de un lápiz, de no más de medio centímetro de profundidad, no debemos enterrar la semilla muy profundo porque necesitaría mucho esfuerzo para llegar a la superficie y corremos el riesgo de que no lo consiga, la idea es que esté lo más cerca posible de la superficie para que salga con facilidad, pero también, que este completamente enterrada y protegida de la luz para evitar que esta pueda dañar la radícula y causar la muerte de nuestra semilla. Introducimos la semilla con la punta hacia abajo, así le facilitamos el posicionamiento de la raíz hacia abajo, aunque la propia semilla si no está en la posición correcta se girará hasta posicionarse correctamente, orientando la raíz hacia abajo y los cotiledones o primeras hojas redondeadas, hacia arriba. Una vez hecho esto solo debemos controlar que los tiestos no se sequen y cuidar que la exposición a la luz no sea muy directa o intensa, porque un foco demasiado cerca o una exposición al sol muy intensa puede secarnos el sustrato muy rápido o calentar demasiado el medio y acabar con nuestra esperanzas de éxito. Las semillas deberían nacer en el plazo de tres días a una semana más o menos aunque es posible que alguna le pueda costar un poco más.

Otras técnicas de germinar las semillas de cannabis.

El resto de técnicas consisten en hidratar la semilla antes de ponerlas en la tierra.

 La hidratación debe ser antes del proceso de enterrado, facilitando la salida de la radícula y acelerando el proceso de nacimiento, pero también se corre el riesgo de que al manipularlas podamos dañar la radícula, siendo catastrófico para nuestra semilla, por lo que se deberá tratar con cuidado de no dañarlas.

La forma más utilizada consiste en utilizar papel absorbente o servilletas de papel.

Podemos utilizar un taper de plástico, cubrimos el fondo del taper con un papel absorbente o una servilleta de papel previamente humedecido, desechando el exceso de agua, colocamos la semilla encima del papel, la cubrimos con otro papel igualmente humedecido, tapamos el taper y lo colocamos en un lugar donde consigamos una temperatura adecuada constante, sin variaciones, para lo que suele funcionar bien es colocar el taper encima de algún aparato eléctrico que esté siempre encendido y que de un calor constante como puede ser la parte trasera de un frigorífico o encima del router de internet, (nunca debemos colocarlo encima del radiador por ejemplo porque seguramente la temperatura sobrepase los 30º y lo que conseguiremos es cocer nuestras semillas), con el fin de conservar la temperatura y humedad hasta que las semillas rompan la cascara y salga la radícula, que sale de la parte más puntiaguda de la semilla y normalmente, suele tardar entre 24 y 72 h hasta que rompe la cascara pero puede tardar más, hasta unos 10 días. Una vez que veamos que la semilla ha roto y vemos la radícula, la enterramos en el tiesto escogido, con la raíz hacia abajo y dejando la semilla cerca de la superficie, no más profunda de medio centímetro, para que salga con facilidad.

Otra forma consiste en meter las semillas directamente en un vaso con agua.

 Situándolas en un lugar oscuro y cálido, podemos dejarlas 24 horas y aunque no hayan roto la cascara, si que se habrá hidratado por dentro, y podremos dejar que lo haga en la tierra o dejar que rompa la cascara en el agua y pasar a tierra después que lo haya hecho.

Sea cual sea el método escogido o en el que más confiemos debemos tener en cuenta que el principio es el mismo, humedecer la semilla para que el agua penetre en la cascara o tegumento, y se active el "gen de vida" que dará lugar a nuestra deseada plántula.

Una vez hayamos conseguido que todo el proceso haya ido bien y vemos como los cotiledones brotan de la tierra tenemos que controlar bien el desarrollo de nuestras niñas porque en las dos primeras semanas de vida siguen siendo muy delicadas y apetecibles para la fauna local. Cuando lleguen a una altura que les permita tener cuatro nudos o cuatro pares de hojas ya podremos trasplantarlas a su destino final donde estarán hasta su cosecha o fin de ciclo.

 

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