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El riego de la marihuana, las claves del éxito.

Publicado el 05 de Marzo del 2020

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El riego de la marihuana, las claves del éxito. Descúbrelas aquí.

 

 El riego de la marihuana es una de las claves del éxito de un cultivo. El agua es fuente de vida, y tanto su calidad como su cantidad influyen directamente en la salud y crecimiento de las plantas. El cannabis es una especie que durante su ciclo consume grandes cantidades de agua, especialmente en la fase de floración, donde la asimilación de nutrientes para el desarrollo de los cogollos es muy elevada y no debemos privar nunca a las plantas de este bien tan preciado.
Regar las plantas en nuestro cultivo de marihuana es la tarea que más se va a repetir durante el cultivo, así que lo ideal es hacerlo lo mejor que se pueda.

En principio es un trabajo fácil, o por lo menos lo parece, ya que riego no consiste sólo en rociar con agua a una planta cada determinado tiempo.

Es tan importante saber la forma correcta para regar como saber cuándo hacerlo. Si no regamos las plantas de marihuana cuando les toca se deshidratarán y si las regamos en exceso se ahogarán por falta de oxígeno en la raíz, es por ello que hay que encontrar un equilibrio justo. Con unos buenos hábitos de riego, no nos aseguraremos el mejor de los cultivos, pero sí tendremos más probabilidades de conseguirlo. No deja de ser uno de los muchos factores que de gran influencia en el cultivo de marihuana.

Regar con agua de calidad


Si regamos con agua contaminada o con altas concentraciones de sales no deseadas, las plantas no se desarrollarán de forma adecuada, motivo por el que la calidad del agua es un factor de gran importancia.

Si el agua del que se dispone tiene una concentración de sales alta, como es el caso de la algunas ciudades y su red de agua, una buena opción es utilizar filtros de ósmosis invertir en un filtro de osmosis, con ellos eliminarás sustancias en suspensión y gran parte de los cloros.

Si el agua del que disponemos es correcta concentración de sales un buen consejo es reposarla para evaporar el cloro.

Hoy en día prácticamente todas las aguas se someten a cloración, un método eficaz para potabilizarla y eliminar los microorganismos que contiene.

Usar agua del grifo con cloro no mata las plantas, pero tampoco favorece los microorganismos que habitan en el sustrato beneficiosos para la marihuana.

Una buena costumbre es almacenar agua en cubos o bidones, y dejarla reposar unas 24 horas antes de regar con ella así evaporando el cloro. Las plantas siempre lo agradecerán.

El riego ni en exceso ni escaso


La marihuana consume una gran cantidad de agua. Pero en cambio a sus raíces no les agrada la humedad constante. Se dificulta la oxigenación de las raíces y los hongos son más propensos a instalarse y atacar en esas condiciones. Y por supuesto, la falta de agua puede ser perjudicial en pocas horas incluso puede terminar con su vida. Cuando sea momento de regar, empaparemos todo el sustrato hasta que empiece a salir agua por el drenaje. Y no volveremos a regar hasta que la primera capa del sustrato, los 2-3 primeros cm de la superficie, se hayan secado por completo.


Agua, ni muy fría ni muy caliente


A las plantas no les gusta un riego con agua fría. Los nutrientes no se disolverán bien y las raíces tendrán más dificultades para asimilarlos. El agua demasiado caliente también es muy perjudicial, produciendo un efecto de cocción de las raíces y podría producirse un colapso que puede acabar con ellas. La temperatura del agua de riego ideal es de unos 21-24º.

Control del ph


Todos los nutrientes necesarios para alimentar las plantas se encuentran disponibles cuando el pH se encuentra entre 5.5 y 7.0. Algunos nutrientes no se pueden asimilar cuando el pH está fuera de este rango, ya sea por encima o debajo de el, lo que obligará a la planta a consumir los nutrientes almacenados en las hojas y la planta empezará a mostrar carencias de nutrientes. Tanto si se usa agua sola, como con abono, siempre es recomendable controlar y regular el pH para asegurarse de que todos los nutrientes están disponibles para que las plantas los asimilen sin problemas.

 

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Regar despacio

En la naturaleza el agua llega a las plantas principalmente por la lluvia. La lluvia buena para los cultivos es la que cae suave y constante, permitiendo que el terreno la absorba y disperse. Esto es lo que necesitamos imitar en el cultivo de marihuana.

Regar sin prisa, de forma equilibrada, en la cantidad correcta que pide la planta, lo agradecerá. Si regamos muy rápido el agua drenará por la parte inferior de la maceta sin llegar a mojar el sustrato.

Es muy común que cuando la superficie del sustrato se seca, se vuelva como impermeable. Y al regar, el agua se desliza directamente por los bordes de la maceta hasta el drenaje sin llegar a humedecer el sustrato. Podemos pensar que hemos regado las plantas, cuando realmente las plantas no habrán recibido ni una gota de agua. Los riegos siempre deben ser pausados, añadiendo agua poco a poco y dejando que el sustrato la vaya absorbiendo lentamente.

Las horas adecuadas para el riego

A las plantas hay que regarlas cuando sea necesario, pero las horas del día preferibles son a primera hora de la mañana o al anochecer. Hay evitar los riegos en horas de máxima calor, el agua puede calentarse en el sustrato ya caliente por el potente sol produciendo un “efecto cocción” en nuestras raíces, además de ser un derroche innecesario de agua ya que mucha se evaporaría en contacto con el sustrato caliente. Regando a las horas más frescas del día nos aseguramos no perjudicar a las raíces además de que reciben y asimilan la mayor parte del agua que usemos.

Resumen

Para regar de forma correcta, es necesario aportar la cantidad adecuada de agua y con el pH ajustado.

En cultivos de exterior la frecuencia de riego depende en gran medida de las condiciones medioambientales. Se debería realizar un riego mínimo cada 5 días, aunque lo ideal es cada 2-3 días, si la planta pide más agua regaremos con más agua, pero no es lo ideal regar cada día a no ser que lo demande, ya que puedes entorpecer la respiración de las raíces.

Regar con frecuencia no quiere decir que hay que abonar con frecuencia. Si regamos muy a menudo tendremos que abonar en menor cantidad, o alternar riegos con abono y sin el, para no saturar el sistema radicular de nutrientes que puedan bloquear la absorción de estos nutrientes.

Si regamos de forma más espaciada podremos usar una cantidad más elevada de nutrientes, siempre respetando las proporciones del abono que se utilice.

Hay que conseguir que el sustrato ni se seque ni se encharque, en el equilibrio está el secreto.

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